14 dic. 2017

En el bosque


El avión despegó
Y la ciudad se convirtió en luces titilantes
Los autos, en hormigas que no dejaban de moverse.

Sobrevole casi un continente entero
Y llegué al frío de New York
De ahí al frío de Virginia.

La montaña siempre me hace acordar al sur argentino
Pero esta vez es invierno
Y estoy al norte de casa
Muy al norte
Y el frío hace que la nieve lo cubra todo
Y que el hielo se vuelva resbaladizo

(todavía no me he caído,
todavía)

Aquí, al entrar a las casas tenes que quitarte los zapatos
Dejas la nieve  en la entrada
Y luego entras al calor artificial
Que encierran las paredes.

Aquí, el sol se va muy temprano.

En el bosque la oscuridad
Es más profunda
En el bosque
Es más fácil perderse.

6 dic. 2017

Recuerdo de flores rosas



foto @sabinabalderramas

Mi papá está llevando a cabo una especia de restructuración del jardín, lo cual implica que está quitando plantas que hace años que estaban ahí y está plantando otras. 

Hoy quitó un pequeño cerco cuadrado en donde yo solía esconderme, una magnolia que nunca daba flores y una planta de flores rosas en donde siempre jugaba. Recuerdo que cada vez que jugaba en esa planta mi abuela me gritaba desde la casa que no rompiera las flores.
Trajo el tractor y se fueron las tres plantas. 

El otro día escuché a una chica diciendo que tenía miedo al paso del tiempo. Y yo también le tengo miedo, un miedo atroz. Me voy de viaje por tres meses y sé que cuando regrese mi padre habrá sacado varias plantas más y habrá otras nuevas. Cada planta que saca es un pedazo de mi infancia que arranca. Siento que algún día voy a llegar a mi casa y ya no voy a reconocer el lugar en donde crecí. 

Ahora lo único que queda es un círculo de tierra removida, el recuerdo de los gritos de mi abuela y las pocas flores rosas que rescató mi hermano y puse en un vaso con agua, en mi habitación. Por ahora el único remedio que se me ocurre contra el paso del tiempo son las flores. Cuando se marchiten y tenga que tirarlas solo me va a quedar el recuerdo de su aroma y el ruido del tractor todavía sonando en mi cabeza.

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3 dic. 2017

La valija roja



https://unsplash.com/photos/62XYVsBnbsw

Me voy en, exactamente, una semana. Siempre preparo la valija o la mochila a último momento. Pero, está vez es un viaje largo así que ya hace  tiempo que estoy pensando en que voy a llevar. Empecé con una pila sobre la única banqueta que tengo en la pieza. Primero unas calzas negras y un buzo; los dos, préstamos. Después un par de remeras y un buzo rayado y así siguió hasta que la pila estuvo a punto de caerse. En ese momento decidí que era hora de elegir valija.

En mi casa hay tres valijas. La negra que es de mi hermano y ya me había dicho que no me la prestaba. La bordó grande, la más linda. Y las tres rojas de distintos tamaños que llevé con mis padres en nuestro primer viaje a Europa en el 2013. Están viejas y el color rojo no me gusta, así que elijo la valija bordo. 

Pero mis papás no me la quieren prestar. 

“Llévate la roja. La bordó es nueva. Después siempre las terminan rompiendo”.

Pero es vieja y se nota y no me gusta el color rojo.

No le doy mucha importancia a las apariencias. De hecho, siempre me visto de cualquier manera sin importar que piensen de mí. Pero esta vez quería viajar con una valija linda, por una vez quería causar una buena primera impresión. 

Pero mis papás me vuelven a decir que no. Como mi mamá dice siempre todo en la vida no se puede.
Abro la valija roja. 

Todo en la vida no se puede.

Quizás sea mi destino ser crota.

Quizás uno no puede dejar de ser lo que es. 

Esa misma tarde encuentro un artículo de Carolina Aguirre en el que habla de un término japonés: wabisabi, y dice “…la valoración de la belleza está en lo roto, lo incompleto y lo efímero”. Después habla del kintsugi, que es el arte de rescatar piezas rotas de porcelana y arreglarlas con oro, y dice: “…en Japón la porcelana no se tira, sino que se arregla con oro, porque es más valioso un objeto que ha sufrido que uno que no”. 

Leo el artículo y pienso en los libros viejos que tanto me gustan. Y pienso en Sarah Dessen y en The Truth about Forever y en Wes diciendo: “I like flaws. I think they make things interesting.” 

La valija roja está vieja y se nota pero es porque nos acompañó a muchos lados. Me acompañó en mi primer viaje largo. Se subió al avión y fue conmigo mientras cruzábamos fronteras y derribábamos distancias.  

La valija roja está vieja y se nota pero son esas marcas las que la hacen un objeto más valioso, más interesante. Lo mismo que con los libros viejos. Los libros están hechos para ser leídos, las valijas, para ser viajadas. 

Y la valija roja tiene kilómetros y kilómetros de viajes, dentro no solo va a llevar mi ropa, pero también un montón de historias de todos los lugares que ha recorrido. 

La valija ya está abierta en el suelo de mi habitación. Empiezo a verla de otra manera, ya no la veo tan vieja. Ahora me parece más bonita. Como siempre me terminan gustando más las cosas viejas y con historias.

Empiezo a desarmar la pila que está sobre la banqueta. Meto todo lo que ya sé que me voy a llevar. Y todavía queda lugar. Todavía tiene espacio para unos cuantos viajes más.

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24 nov. 2017

Relecturas para un lunes lluvioso



https://unsplash.com/photos/a4wUKaaMGWQ

El otro día leyendo un post de Celes, me di cuenta de que hay dos tipos de libros: los que no tememos dejar ir y los que no soltaríamos por nada del mundo. Dentro de esta última categoría hay un subgénero que decidí titular “Relecturas para un lunes lluvioso”.

En este subgénero se encuentran todos esos libros a los que siempre regresamos. Si no saben de qué hablo, solo tienen que pararse frente a su biblioteca y preguntarse qué libro podrían ponerse a leer en ese mismo instante. Estoy hablando de esos libros que son paraguas y frazadas, medias gruesas y tazas de té. Libros que siempre vamos a querer leer sin importar en que momento de nuestra vida estemos. Cuando los leímos por primera vez nos marcaron y van a volver a hacerlo con cada nueva lectura. Son libros que son como un segundo hogar, a safe place. 

Los invito a que se tomen el tiempo para mirar todos sus libros y los identifiquen, mientras tanto AQUÍ les dejo la reseña de un libro que, para mí, pertenece al subgénero de relecturas para un lunes lluvioso. 


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20 nov. 2017

Carta a un personaje abandonado

14 días seguidos escribiendo la historia de Ana. Todas las noches, en un cuaderno espiralado, me senté a escribir todo eso que le pasaba a Ana. Teníamos una especie de pacto. Todas las noches nos juntábamos a charlar. Pero una noche le fallé y la deje sola. Así que para pedirle perdón decidí escribirle una carta.
Para todos los que anden un poco  perdidos, puede que esta carta les ayude. Y para todos los que sientan que lo que están escribiendo anda medio mal, les recomiendo que le escriban una carta a alguno de sus personajes. Les juro que funciona.

Ana,

Perdón por haberte dejado abandonada. Pero es que a veces la vida se te cruza en el camino y no te deja avanzar ni una palabra.

Sé que estas un poco perdida, que dejaste el mar por la ciudad, que te mudaste por él, y ahora es él el que se fue. Volver a estar sola es difícil. Reacomodarse a la rutina de no tener a alguien al lado, aprender a estar  en silencio pero sin dejar que el silencio se adueñe de todos los rincones de tu departamento. Te entiendo, en serio. Pero tenes que hacer algo.

Tendrías que volver al mar, reencontrarte con quien fuiste antes de que lo conocieras. No podemos volver atrás, ni deshacer lo que hemos hecho. Pero tal vez, charlar un poco con esa chica que dejaste mirando el mar te ayude. Ella quedo atrás hace mucho tiempo, así que puede ver las cosas desde otra perspectiva más amplia. Quizás ella vea algo que vos te estas salteando.

Ana, tal vez vos sola puedas ayudarte a salir de este pozo en el que caíste. Y si no podes sola, responde esta carta que tengo un montón de palabras. Juntas podemos encontrar las necesarias para cambiar un poco el rumbo de tu historia.

Te quiere,

la chica de las palabras.


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16 nov. 2017

Mirar el cielo


Camino los cuarenta y cinco minutos que separan la casa de mi hermana, de la mía. 

Son las cinco y media de la tarde así que las calles están llenas de autos. 

Me desvío y tomo el puente peatonal que cruza el río.

Voy con el ceño fruncido porque algo pasó. Siempre pasa algo, siempre vamos con la cara arrugada, como si la sonrisa se nos fuera a gastar.

Y de pronto miro hacia arriba. 

Estoy debajo de un pequeño túnel formado por plantas que se han estirado tanto que se han unido. Es un techo verde. Pero lo que me llama la atención son las flores amarillas que caen en cascada y el pequeño agujero que deja ver un pedazo de cielo.

Y de pronto sonrío.

Me olvido de lo que me pasó.

Me gusta mirar para arriba y encontrarme con el cielo. En especial ver las hojas dibujadas contra esa lona azul sin nubes. O las palmeras despeinadas por el viento. O las ramas secas en otoño que 
parecen arañarlo. 

No importa de qué color sea, siempre es hermoso, infinito. Y siempre me hace sonreír. 

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13 nov. 2017

Recuento de cosas pendientes




Estoy frente la página en blanco y no sé cómo empezar. Estoy escribiendo mucho pero siento que nada es para el blog, así que este espacio sigue vacío. 

Me obligo a sentarme y a empezar y esto es lo que sale: una lista sin mucho sentido que resume todo lo que está pasando. Las listas siempre me ayudan a ordenarme así que aquí vamos:

-Me robé dos libros que se suponía tenían que ser donados a una biblioteca: Lolita y La Abadía de Northanger.

-Ya comencé a leer Lolita, durante mis viajes en colectivo. Por las noches leo Por trece razones

-Me quedan dos semanas para terminar de cursar.

-Me quedan 27 días para irme de viaje. 

-Me quedan muchas cosas para hacer antes de irme.

-Estoy evitando hacer todas esas cosas que tengo que hacer, porque si las hago el tiempo va a pasar aún más rápido. 

-Hago listas de cosas que tengo que hacer, pero luego no tacho ningún ítem.

-Sé que no me voy a poder llevar demasiadas cosas para el viaje, pero quiero llevarme al menos un libro ¿Alguna recomendación?

-El calor ya empezó y ya me picaron muchos mosquitos.

-Hace mucho que no me compró ningún libro nuevo y extraño esa sensación. Estando de viaje pienso comprarme muchos, muchos libros, no importa el peso.

-Estoy animándome a escribir más poesía en inglés.

-Estoy escribiendo todos los días y ya me compré una libreta para el viaje.

Y hasta que llegamos. Hay más cosas, pero algunas no las recuerdo y otras siento que los aburrirían así que freno acá y les deseo una buena semana a todos. 


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