31 ago. 2015

Se supone que los hombres grandes no lloran

Se supone que los hombres grandes no lloran. Se supone que ellos son los fuertes, los que van a atraparnos cuando caigamos. Ellos tienen que ser los que mantengan todo en su lugar. Si ellos lloran la balanza se desiquilibria y todo se cae.
En estos días he visto a mi papá llorar al ver el lugar en el que creció bajo agua y a mi tío llorar al ver a su hija a segundos de la muerte.
Se supone que ellos no tendrian que llorar, pero ellos también lo hacen y eso da miedo. Porque la idea de que ellos son los fuertes, capaces de protegernos frente a todo se cae a pedazos y vemos la simple y cruda realidad. Ellos no son más que humanos, tan fragiles como el resto.

24 ago. 2015

Zac & Mia, A. J. Betts

 
 Si bien el ambiente frío y aséptico de una clínica es el último lugar donde una pareja de adolescentes esperaría iniciar una relación significativa, a veces el azar nos sorprende con encuentros fortuitos que marcan nuestro destino.
Convaleciente de un trasplante de médula, Zac lleva semanas solo y aburrido en el hospital cuando en la habitación contigua ingresan a Mia, una impetuosa chica de su edad. A los golpecitos en el tabique del principio les sigue el intercambio de notas por medio de las enfermeras y, finalmente, en el silencio de la noche, la comunicación a través de Facebook. Paulatinamente, una amistad surgida de la necesidad da paso a una atracción muy especial que, sin embargo, se verá expuesta a una dura prueba cuando más adelante la realidad cotidiana interponga unos obstáculos con los que Zac y Mia no contaban.


No me pensaba leer este libro. Había visto muchas reseñas sobre él, pero no me gustan los libros de esta clase. El caso es que llegó a mis manos por motivos de la vida y nunca hay que negarse cuando consigues un libro gratis.

Así que lo leí y me gustó, ni más ni menos que eso, simplemente me gustó. La autora nos plantea a dos adolescentes que sufren de cáncer y se conocen en el hospital. Pero la mayoría de la historia o al menos lo más importante transcurre luego de que salen del hospital, es decir que la escritora no se centra en la enfermedad sino en las secuelas que deja la enfermedad, como afrontar el día a día con lo poco de nosotros que queda luego de semejante enfermedad.

Zac y Mia son los protagonistas y son quienes se irán turnando para contarnos sus historias. Los personajes están bien construidos y son humanos, se vuelven muy cercanos. Los personajes, en mi opinión son el punto fuerte de la novela. La historia en si es bastante corriente, no tiene nada extraordinario. 

Nos encontramos con humor adolescente y una escritura informal pero por momentos muy bonita. La autora acierta en unos cuantos puntos. De todas maneras no es la clase de novela que me gusta porque siente que por más que tratan de hacerlo realista sigue siendo un poco pintado todo de color de rosa.

En fin, la historia es muy ligera y sencilla especial para aquellos quienes quieren leer algo dramático y divertido a la vez, pero una novela que no aporta demasiado, solo un par de personajes que terminan cayéndote muy bien.
  

Primeras páginas: LEER AQUI

18 ago. 2015

Mis escritos: Escrito en las estrellas



Estábamos destinados a estar juntos. Estaba escrito en las estrellas, en la arena y en cada historia de amor que existía. Pero nos encontramos demasiado pronto. Pasamos la infancia juntos. Solíamos festejar nuestros cumpleaños el mismo día, inclusive llevábamos la misma mochila al colegio. Toda nuestra vida estaba entrelazada en un gran embrollo del cual era imposible salir.
Tu casa era mi casa y mi casa era tu casa. Pasábamos los veranos en la casa de tus abuelos jugando entre los eucaliptos y cazando luciérnagas.
Para cuando llegamos a la adolescencia ya nos conocíamos lo suficiente como para no enamorarnos. Pero lo hicimos de todas maneras y ese fue nuestro error. A veces es mejor no conocer a la otra persona. Esa es la magia del amor ¿No? Ir conociéndose de a poco, detalle a detalle, y entre sonrisas enamorarse. Nosotros nos salteamos todo el protocolo. Un día nos levantamos y nos dimos cuenta de que ya no nos sentíamos de la misma manera. Simplemente sucedió.

Recuerdo que me besaste bajo la casa del árbol en donde tantas veces nos habíamos escondido, tanto siendo niños como ya grandes cuando nos peleábamos con nuestros padres y sentíamos que el mundo era un lugar de lo más injusto.
Las paredes de esa casa, construida por tus hermanos, estaba repleta de historias, recordaba todos los secretos que habíamos compartido.
Me besaste en un arrebato de locura y valentía. Lanzaste tantos años de amistad al vacío con solo un roce de tus labios. Tu boca sabía a miel y libertad. Tus manos me anclaron al suelo y detuvieron el tiempo. Las estrellas brillantes, sobre nosotros miraron para otro lado e intercambiaron sonrisas cómplices. El cielo es el guardián  de los amantes y los finales trágicos.
Te devolví el beso y me acercaste más a ti, saltándote así la poca distancia que todavía existía entre nosotros.

A partir de ese beso el verano se convirtió en un torbellino de emociones y colores.
Me llevaste al cine y luego caminamos por las calles sin rumbo fijo. Terminamos en la vieja pista de patinetas que estaba desierta y nos adueñamos de ella. Bailamos sin música. Yo con mis sandalias bajas, tú con tus zapatillas gastadas. No necesitábamos nada, solo a nosotros mismos y las estrellas, nuestras fieles compañeras.
Esa noche yo llevaba un vestido azul con margaritas que flotaba a mí alrededor cada vez que me hacías girar. Y esa misma noche sentí que todo era posible, que inclusive las historias sobre princesas, besos y hadas madrinas podían no ser tan lejanas.
Más tarde cansados nos acostamos sobre el duro cemento y nos dormimos. Mi mejilla sobre tu hombro, tu respiración haciéndome cosquillas. 


El verano avanzó veloz y lento, todo al mismo tiempo. Entre miradas y mensajes secretos que dejabas en mi ventana el tiempo nos jugó una trampa.
El verano terminó en un atardecer anaranjado que se grabó en mi retina junto con la imagen de tu rostro bajo esa luz, tu mirada azul, la sonrisa fácil.
Te volviste hacia mí y me acariciaste la mejilla, antes de inclinarte y besarme. En ese instante el sol terminó de esconderse y el hechizo se rompió. Así como dieron las doce y Cenicienta volvió a ser una simple muchacha que huía, nuestro tiempo acabó y volvimos a ser la chica y el chico que siempre habían sido mejores amigos, solo que ahora ya habíamos quemado todo rastro de amistad.
A veces pienso que ese verano fue un regalo del destino, quizás la luna, eterna enamorada de las causas perdidas y los corazones rotos, se apiado de nosotros y nos regaló un poco de tiempo antes de que todo terminara.

Porque todo terminó. Lentamente.
El último año de colegio se volvió una pesadilla. Los pasillos que tan bien conocíamos eran ahora una trampa. No teníamos donde escondernos. Yo no podía mirarte a los ojos sin sentir que lo habíamos arruinado todo. Ya no teníamos posibilidad de volver el tiempo atrás. No había manera de recuperar la manera en que solías molestarme por mi falta total de coordinación o la forma en que nos tomábamos de la mano sin motivo y sin consecuencias.
Huimos de nosotros mismos todo el año entero. Tú te refugiaste en el rugby, en los partidos cada fin de semana y las fiestas con tus amigos para festejar las victorias. Yo me escondí detrás de mi trabajo en el café y ahorré todo lo que pude para irme del lugar que me había visto crecer.
Sin haberlo querido destruimos todas las paredes, puentes, techos y ventanas que habíamos ido construyendo a lo largo de nuestra corta vida. Tú eras mi hogar  y te perdí, por eso me fui y no volví la vista atrás.

El mundo era demasiado grande y misterioso como para no querer recorrerlo. Luego de empacar dieciocho años en una sola mochila me deje llevar por el viento. Cruce el océano y me interné en una galaxia muy diferente de todo lo que conocía.
Sola y asustada me alejé de todo lo que siempre me había rodeado y crecí de golpe sin tiempo para detener lo que me estaba sucediendo. Deje de ser la adolescente insegura que siempre tropezaba para convertirme en una persona audaz.
Trabajé, me mudé varias veces, conocí ciudades que no sabía que existían, me enamoré, cambié, me rompieron el corazón y volví a enamorarme.
Finalmente encontré mi lugar en una ciudad en la otra punta del mundo. Lo suficientemente lejos como para que los recuerdos de todo lo que habíamos vivido no me alcanzaran.
Una librería repleta de historias antiguas y personajes cascarrabias se volvió mi trinchera. Y otra vez comencé a construir paredes, ventanas y puertas. 


Y tú entraste por una de esas puertas. Estaba detrás del escritorio, prácticamente escondida tras una  pila de libros que aún tenía que ordenar, cuando escuché el tintineo de las campanillas.
Tardé un segundo en levantar la vista y necesitaste solo ese segundo para encontrarme y reconocerme. Llevaba el pelo corto y había empezado a usar gafas, pero de todas formas me reconociste. Más tarde me confesarías que fueron mis manos las que me habían delatado. “La forma en que sostenías el libro, como si fuera alguna clase de tesoro” me dirías “Te había visto hacer lo mismo un millón de veces”
Cuando fue mi turno de alzar la vista y encontrarte lo único que reconocí fue tu mirada. Te habías dejado la barba y llevabas una camisa rayada, pero tus ojos azules eran los mismos de siempre, los mismos en los que me había reflejado durante años, los mismos en los que tantas veces había leído lo que no habías hallado las palabras para decir. En ese primer momento reconocí un atisbo de sorpresa pero enseguida desapareció.
Me sonreíste como siempre lo hacías, como si fuera lo más sencillo del mundo y la historia comenzó de nuevo.
La primera vez no había funcionado porque nos conocíamos demasiado bien pero ahora éramos dos completos extraños. El tiempo y la distancia nos habían cambiado y el destino nos había vuelto a juntar.
Como ya te dije estaba escrito en las estrellas que éramos el uno para el otro. Solo tú podías darme el equilibrio que me tanta falta me hacía. Solo tú podías volver a encontrarme en un mundo tan grande y misterioso. 

 Quiero escuchar sus opiniones!

17 ago. 2015

Cine: Into the wild



 



A principios de los años noventa, el joven e idealista Christopher McCandless, adopta el nombre de Alexander Supertramp, deja sus posesiones y sus ahorros a la beneficencia y abandona el mundo civilizado con rumbo a la salvaje Alaska para entrar en contacto con la Naturaleza y descubrir el verdadero sentido de la vida. Adaptación del best-seller de Jon Krakauer, basado en las notas del diario de McCandless.




Into the wild logró emocionarme y que se me pusiera la piel de gallina, pero sobre todo me hizo pensar. 

Esta película nos relata la historia de un joven que huye de la sociedad por no estar de acuerdo con el sistema, con la hipocresía, las mentiras y por problemas en la relación con sus padres. Recién graduado de la universidad deja todo atrás y comienza a viajar. Es así como empieza a conocer gente y a trabajar en distintos lugares, pero siempre con la idea de llegar a Alaska. 

Christopher, el protagonista de esta historia, cree que para encontrarse a sí mismo tiene que perderse en la naturaleza. Así que la película ira mostrándonos su paso por California, Oregón y Dakota del Sur y paralelamente su estadía en los bosques de Alaska completamente solo y aislado del resto de la sociedad.

No voy a hablar del final pero diré que la película vale la pena por el mensaje que nos deja al final. Christopher parte rumbó a Alaska para encontrarse con su verdadero ser en la naturaleza pero es allí cuando descubre que todo vale si estas con alguien más. Tal vez este equivocada pero eso es lo que yo interprete.

Lo que más disfrute de la película es cuando nos muestra cuando él va conociendo a todas esas personas que se cruzan en su camino, es ahí cuando realmente podemos apreciar su personalidad. Sé que la película está basada en una historia verdadera pero nunca sabemos cuánto es cierto y cuanto no así que yo lo estoy analizando como si fuera ficción. Aunque de todas maneras al mirar esta película no podemos dejar de pensar que ese chico realmente existió y la historia nos llega aún más.

En fin, Into the Wild es una película que nos hace pensar y nos emociona. Que nos deja un mensaje, que a diferencia de muchas otras tiene un objetivo.