25 feb. 2017

Yo antes de ti, Jojo Moyes



Louisa Clark sabe muchas cosas. Sabe cuántos pasos hay entre la parada del autobús y su casa. Sabe que le gusta trabajar en el café Buttered Bun y sabe que quizá no quiera a su novio Patrick. Lo que Lou no sabe es que está a punto de perder su trabajo o que son sus pequeñas rutinas las que la mantienen en su sano juicio. Will Traynor sabe que un accidente de moto se llevó sus ganas de vivir. Sabe que ahora todo le parece insignificante y triste y sabe exactamente cómo va a solucionarlo. Lo que Will no sabe es que Lou está a punto de irrumpir en su mundo con una explosión de color. Y ninguno de los dos sabe que va a cambiar al otro para siempre. Yo antes de ti reúne a dos personas que no podrían tener menos en común en una novela conmovedoramente romántica con una pregunta: ¿Qué decidirías cuando hacer feliz a la persona a la que amas significa también destrozarte el corazón?



Lou acaba de perder su empleo en el café Buttered Bun. Desesperada por otro trabajo comienza a trabajar como cuidadora de Will Traynor un joven exitoso que tras un accidente ha quedado postrado en un silla de ruedas, necesitando a alguien para prácticamente cualquier actividad.

Yo antes de ti es una historia de amor, una de esas que te dicen que te va a encantar, que te va a emocionar y te va hacer llorar y reír y que te vas a enamorar. Bueno, la verdad es que no me sucedió nada de todo eso.

La historia es entretenida y se lee muy fácil, avanzas rápido, casi sin darte cuenta. Pero en ningún momento logre sentir la historia, no sentí nada de nada. Para que un libro me haga llorar tiene que estar muy bien escrito así que no esperaba llorar, pero esperaba reír, o sentir ternura o encariñarme con los personajes o sentir tristeza. Pero no sentí nada, me resulto demasiado lineal, o poco real. Nunca pude meterme en la novela al cien por ciento.

Me gustaron solo dos cosas del libro. La primera es la relación de Lou con su hermana, mitad amor, mitad odio, la sentí sincera y realista, me gustó que hubiera cosas de su hermana que la sacaran de quicio y la molestaran. En segundo lugar el motivo por el cual Lou siente miedo. Me pareció una razón válida para su comportamiento frente a la vida. Pero más allá de eso, el resto de la historia pasó por el costado y casi ni me entere.

En fin, Yo antes de ti es un libro que se lee rapidísimo, de escritura sencilla, un libro que se supone que tiene que hacerte sentir de todo pero a mí no me sucedió.  

21 feb. 2017

A veces leer duele

A veces leer duele.

Estar lejos,
No poder regresar,
Que las palabras se te claven en la garganta,
Que los ojos lloren,
Que las lágrimas no caigan.

Leer en voz alta,
Que las palabras nos hagan viajar,
Nos lleven y traigan,
Sin pedir permiso te hagan volver a vivirlo
Todo otra vez.

A veces leer duele.

Pero no leer duele más,
Que quedarte con las palabras clavadas en la garganta

Y no poder decirlas en voz alta.

14 feb. 2017

Palabras gastadas

Creo que cada uno cambia como persona y también como lector. En un primer momento lees todo lo que encontras. Abrís cualquier libro sin diferenciar títulos ni autores, cualquier historia es tan válida como la siguiente. Pero de a poco empiezas a descubrir los autores que te gustan, historias que más te atrapan, encuentras tu estilo. Te formas como lector.

De pequeña solía leer cualquier libro, pero últimamente me he dado cuenta de que lo que realmente me gusta en una novela no es solo la historia, pero las palabras que usa el escritor para contarla. Me he cansado de las palabras gastadas, de esas combinaciones que ya me las sé de memoria.

la luna plateada

sus ojos azules

se contempla en el espejo

sonríe de lado

el cristal haciéndose añicos

Quiero que me hablen de la luna cuando tiene ese tono rojizo que me hace pensar en Marte o que me describan a una persona que cuando sonríe deja ver el colmillo que está más arriba que el resto de su sonrisa porque nunca tuvo plata para ponerse aparatos, quiero que el cristal se parta a la mitad o en veintisiete pedazos y que me hagan sentir el ruido de los pedazos rasguñando el piso de madera.

He descubierto que me gustan los autores que se la juegan y escriben las cosas como son, incomodas y reales, pero que se permiten jugar con las palabras. Me gusta leer una novela y sentir que estoy leyendo poesía.

“Gabriel acaba de fumar. Sigo la parábola que traza la colilla antes de caer al suelo”

“…igual que cuando me tumbaba junto a mi madre buscando otro tiempo en el tiempo”.

“… aquella habitación, con las luces apagadas y con todo aquel cosmos girando a mi alrededor”.

Quiero leer autores atrevidos que salgan de las frases ya establecidas, de la comodidad de reescribir lo que otro ya dijo.

Y quiero, también, ser yo la clase de autor que me gusta leer. 

9 feb. 2017

Contar personas, no kilómetros



Recorrimos 9.000Km. En una camioneta, con una mochila violeta y un bolso verde, una carpa, un par de bolsas de dormir y un mapa de la Patagonia. Llegamos hasta Ushuaia, hasta el fin del mundo, dimos la vuelta y subimos por la cordillera, caminamos montañas, nos reflejamos en lagos de todos los tonos de azules. Kilómetros y kilómetros de Argentina, de tierra, de mundo. 

Pero este viaje decidí no contarlo en kilómetros, ni en lugares recorridos, si no en personas. 

Los dos franceses que habían venido a Argentina a estudiar Ingeniería y ahora estaban recorriendo el sur. Les gustaba el mate y el Fernet, el asado y los vinos de Mendoza. Los levantamos en la frontera y los dejamos del lado de Chile.

David, el español que sacaba fotos de las personas que cazaban. Era de la montaña así que estaba acostumbrado al frío y a las subidas y bajadas. Lo hicimos pasar por argentino para que pagara menos al entrar en el Parque Nacional de Tierra del Fuego y lo dejamos en Bahía Lapataia, el punto más lejano del parque.

Los dos chicos de Chivilcoy que ya estaban de regreso y nos recomendaron subir al Glaciar Martial. No viajaron mucho con nosotros pero los acercamos un poco más al punto de inicio. 

Los tres israelitas que llevamos hasta la terminal de colectivos y nos dijeron que pensaban ir hasta Canadá. 

La chica de Entre Ríos y el chico mitad brasilero, mitad colombiano, que quedaron varados en la ruta. Venían de Chile, de cuatro días de caminatas y campings.  Nosotros pusimos el mate y ellos las galletitas. 

La chica y el chico que vivían en La Plata, ella de Carmen de Patagones, él de Venado Tuerto.  Diez días en El Bolsón y cinco días en el Parque Nacional los Alerces. Era  una de sus últimas noches y estaban decididos a no pagar por el camping. Los llevamos hasta un camping libre y nos despedimos. 

El chico de Berazategui con su barba y su mate. Profesor de computación y enamorado del sur. Lo encontramos dos veces en la ruta y ya después lo perdimos de vista. 

El hombre de Chivilcoy que había salido a pescar y regresaba a su casa con las manos vacías.  

En los viajes vemos y sentimos tanto que luego solo quedan recuerdos, momentos, el resto se vuelve difuso. Es por esto que hice una lista de todas las personas que conocí en este viaje, porque aunque el tiempo pase quiero seguir teniendo cada una de las historias que me contaron, porque los viajes se pueden contar en la cantidad de kilómetros que recorremos o en la cantidad de personas que conocemos.

8 feb. 2017

Aunque nadie me lea



Hace poco leí  a una bloguera que decía que iba a seguir escribiendo aunque nadie la leyera. Y supongo que de eso se trata esto. De escribir porque lo necesitamos, sacarlo afuera y liberarnos. No importa si llega no llega a nadie o si llega  a miles de personas, solo importa que sirva para quien escribe.  

Es por eso que voy a volver al blog. Luego de muchas idas y venidas, rachas en las que no quería saber nada del blog y otras en las que lo extrañaba demasiado, he decidido que este año quiero volver. Porque he decidido que este año voy a hacer todas las cosas que me gustan y este espacio me gusta demasiado.  

Porque me gusta y porque lo necesito, porque me mantiene cuerda.

Como cada vez que he vuelto quizás los tópicos de las entradas cambien junto conmigo. Perdón, pero es que soy demasiado bipolar y cambio de opinión todo el tiempo, así que es probable que el blog vaya sobre un poco de todo o sobre nada, sobre pavadas que se cruzan en mi cabeza. 

Si se quieren quedar y leer bienvenidos de vuelta. Si no, no hay problema porque aunque nadie me lea, yo voy a seguir escribiendo. 

Porque me gusta y porque lo necesito, porque me mantiene cuerda.

7 oct. 2016

No somos heroínas



No somos heroínas.
Somos mujeres.
Ni mejores ni peores.
Estoy cansada de que nos traten como inferiores.
Pero también me molesta que me traten como algo que no soy.
Dejen de hablar de nosotras como si fuéramos las buenas de la historia.
Somos todo, lo bueno y lo malo, lo que nos enorgullece y lo que nos avergüenza.
Somos como ellos, pero diferentes, pero al revés, pero otra cosa.
Ellos no son mejores y tampoco lo somos nosotras.
Dejemos de fingir algo que no somos.
Y empecemos a estar orgullosas de quienes somos.
Mujeres. Ni más ni menos.

4 jul. 2016

La difícil tarea de dibujarte




Tienes las manos manchadas con tinta de tanto usar palabras gastadas,
en un desesperado intento de revivir amores pasados 
que se perdieron en un temporal y ya nadie se molestó en buscar.
Eres un cazador de tesoros que nadie escondió. 
Buceas en un mar de recuerdos melancólicos 
que te vuelven oscuro e inalcanzable, un tanto antisocial.
Persigues sueños que ya se han vencido
y el tiempo ha tirado a la basura.
Los encuentras y los reciclas. 
Se los robas a quien se ha quedado dormido en mitad de una oración 
y los sueñas como si te pertenecieran. 
Juegas a ser extraños que no conoces 
y tampoco te interesa conocer.
Eres demasiado callado 
porque encierras un centenar de palabras apiladas adentro de tu boca, 
que solo tus manos pueden gritar.
Eres bastante maleducado 
porque no te molestas en contestar comentarios vacíos, 
pero te haces el tiempo para responder preguntas 
que alguien ha lanzado al aire buscando respuestas que nadie posee. 
Pero a ti te gusta inventarte tus propias respuestas.
Prefieres creer que todo tiene solución 
y que en algún momento aparecerá un cartel que indique la salida 
de este laberinto en el cual me has metido 
cuando me pediste que te dibujara.